Familia

Ver a mi hija y su padre en un abrazo infinito, en Chile, no puedo describir lo que me habita en este momento.

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Día bello, qué más decir

Poder abrazar a mi niña, caminar bajo la lluvia (o la nieve que nos visitó recientemente), son acciones cargadas de un contenido profundo. Sí, centrar cada paso en lo esencial es para mi el mayor de los aprendizajes.

A pocos días de la próxima consulta y la visita a una doc antroposófica (para mi hija), estoy simplemente en la tranquilidad misma. En esto, necesito la mayor de las energías.

Un día a la vez, siempre.

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Apretando el pecho para abrazar a quien más amo

Evito hablar aquí de lo que ocurre con mi pequeña; es su propia historia. Pero hoy quiero compartir el dolor y la angustia cuando mis sospechas se hacen más fuertes.

Tiene sus propios vendavales, sus propios llantos, sus propias búsquedas de la puerta lateral. Qué más decir.

La abrazo infinitamente, la invito a besar el amor por lo que nos rodea, esa dimensión que tiene tantos nombres y un mismo universo.

Está en el centro de mi vida, mis ojos y mi sentido. Nadie, ni yo misma, volverá a ocupar el lugar que le pertenece. Hemos comenzado una ruta juntas, con la esperanza de que encuentre y cultive sus propias estrategias, su propio pacto para vivir.

Mientras, la terapia alópata y la medicina pura de la naturaleza nos acompañarán en este paso por el dolor, que no tengo duda será del aprendizaje para reencontranos en medio del universo de la vida misma, del amor, del sentido y su voluntad.

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Lo sublime de empezar un nuevo día

Despertar justo en día de luna llena es como alimentarme de nueces, almendras, chocolate y agua, justo cuando se viene el vendaval. Simple placer culpable.

De agua, casi de pura agua somos y nuestras mareas nos sumergen en medio de desvaríos y melancolías varias. Así voy por estas horas.

Pero que más da, si hasta la luna se vuelve cómplice de mis insensateces, de mis días de lluvia y ataques por asalto de la risa. Qué belleza más inamovible puede habitarme hoy, si ser consciente de estos sobresaltos me ha traído la mayor de las bendiciones?

Vivo, hoy vivo simplemente vivo junto a otros y otras que danzan en la misma sinfonía. Es simplemente espectacular.

Mientras pasa el aluvión, esperaré junto a una taza de café y un par de cigarrillos.

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Día de días

Qué decir? No he parado de monitorear mis emociones, como tampoco de sortear los avatares de los días. Y es que tejiendo mi propia historia, al alero de una comunidad sonriente, he sido amiga de la esperanza y de la vida, que a veces se esfuma de mis venas.

He sabido de la partida de hermanos terrenales, en la búsqueda de la pérdida del contacto con el dolor y la angustia. He visto titulares casi festinando con la decisión de partir, dejando o no una carta de despedida. También he leído horrores de comentarios hablando de cobardía y despilfarro de tiempo. Todo eso me conmina a dejar aquí, una vez más, mis deseos de vida a quien busca una salida definitiva a un momento puntual o una seguidilla de estados de dolor, angustia, autodestrucción e inmisericordia con nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestro estar aquí y ahora.

El suicidio, lo he dicho antes, es una solución definitiva a un(os) problema(as) temporal(es). Cuando digo temporal, no me refiero a una efímera razón, sino a su dimensión más global, el estar siendo de una manera, por la razón que sea, los motivos que sean y los sentidos que acompañen.

Como muchos y muchas, mis manos también empuñaron armas letales; mis 5 ingresos en recintos siquiátricos hablan de eso. Y aunque puede parecer contradictorio y oportunista, debo confesar que he aprendido, aprendo y estoy aprendiendo a amar vida, el pan, la libertad de escoger y la voluntad de romper con cercos que me impiden reestablecer el curse de las cosas, como quiero que sean.

Sé lo que implica estar y no estar, vivir en un estado de vacío de contenido y angustia que se empeña en vaciar mis ojos y cegar mi mente. Pero me insisto, a diario, la vida, la vida, la vida y el amor son y pueden ser siempre.

El pacto para vivir que hice el 2011 trajo sus frutos. Sí, ese año fue mi último ingreso al siquiátrico; me llevaron en andas con el cuello aún amoratado. Sé que más de alguien que me lee podrá discrepar y decir que fui cobarde. Tantas veces me lo han dicho. Pero no, no fue cobardía. Tener una biografía llena de cambios que estropean a cualquier vivir, es algo que no se lo deseo a nadie. Como sea, ese pacto, así como el madero al que me ato cuando viene el vendaval, me levantan día a día, como si fuera el primero y el último.

Así vivo ahora, deteniéndome cada vez que sea necesario en las cosas bellas, por muy pequeñas que puedan parecer.

Abrir los ojos en la mañana, estando en mi propia cama, desayunar junto a mi hija, oler el café humeante (siempre acompañado de un cigarrillo), caminar descalza por la casa, ordenar el lugar que habito, hablar con la familia, amistades, besar, en fin, tantas acciones que vistas de manera conjunta, configuran un poderoso antídoto contra las ideaciones y el vacío de sentido.

Hoy, tras saber de aquellas muertes que son autoinfringidas, vuelvo a dar las infinitas gracias, a todas y todos lo que han tenido la infinita paciencia de abrazarme. Hoy, un día más de vida, de la buena, es reiniciar como si fuera el primer día de haber salido del refugio, de la cueva. Todo es novedad, todo es vida nueva, todo tiene sentido.

Abrazo a quien me lee.

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Para ser libre en la alborada, nada como caminar y besar

Con mano dura desplomé piedra por piedra la pared que levanté hace algún tiempo. Magia que me acompaña, incluso cuando pareciera que los días se hacen largos de tanto andar.

Hoy, particularmente hoy estoy en la serenidad más clara que no había percibido en años. Ni los temblores del cuerpo, -evidencia del sistema extrapiramidal y su falla-, ni los dolores que suben y bajan, pero que no impiden el movimiento, pueden terminar con esta indescriptible sensación de libertad.

Sólo sé que estoy viva, de vida de la buena.

Que cómo llegué hasta aquí? Cómo los días valproico, olanzapina, haldol, quetiapina, risperidona, litio, de electroschock y sus secuaces, pasaron a mejor vida?  Fue y está siendo a puro sentido, a puro mirar a través de la ventana con las manos afirmadas, el paso firme y la paciencia de esperar día a día, simplemente que llegara el alba.

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Como si fuera primavera

Acostumbrada a sonreirle a los días, me cuesta no apretar el pecho cuando una hermana o hermano toma la decisión de salir por la puerta lateral.

Ayer me enteré del suicidio de la madre de una amiga desde hace más de 2 décadas. Dolió el pecho hasta más no poder. Mujer con una fuerte depresión, sentimiento de abandono, angustia crónica y desvelo infinito, qué otra cosa podía hacer, si hasta la cuidadora la descuidó.

Hoy más calma, (no mi amiga), visité a la siquiatra. Bien, muy bien. Y es que cuando voy tomando consciencia de lo que está pasando, cuando no me juzgo, obsesiono o pierdo la mirada, todo marcha y marcha bien, al punto que comienzo hoy a reducir las dosis de todos los medicamentos que tomo (lamotrigina, aripiprazol, paroxetina y eventualmente zolpidem).

La verdad, la decisión no me extrañó; ya venía por mi cuenta tomando decisiones, antes de que ella me informara. Cómo no hacerlo? Quién conoce mejor lo que me pasa, como para tomar la decisión de qué hacer? Fue pura intuición y perseverancia en sentir que las cosas siguen su curso y que el madero al cual me aferro en medio de los vendavales siempre estaría aquí.

Mirarme a los ojos a través de un espejo, caminar de mi propia mano, contemplar hasta cansarme cómo cambia la luz del día a la noche y tantas otras acciones que día a día voy experimentando, me hacen más viva que nunca. (Vida… cada día me gusta más esta palabra).

Sólo una preocupación me viene asaltando hace algunos meses: junto con la estabilidad, (o más bien la consciencia de ella), vino el tomarle el peso a la falta de concentración, dificultad en los movimientos rutinarios y a veces demasiada lentitud en el hablar.

Cuando recojo algo, debo abrir y cerrar la mano, sin mover el brazo. La siquiatra no supo qué decir, supuestamente lo que tomo y en las dosis prescritas, nada de eso debiese ocurrir. Sin embargo, tengo un historial de medicamentos en mi cuerpo, sesiones de electroshock y de un cuanto hay de tratamientos, no me extrañaría que el diagnóstico previo que me dio un neurólogo sea cierto: desmielinización. Así que a consumir más ácido fólico, vitamina B12 y otras cosillas.

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