2006

Me gusta creerme el cuento de que estoy bien, entendiendo por “estar bien” como un estado de armonía por contraste, osea serenidad dentro de la marea alta. Por ningún motivo podría decir que todo debe ser parejo, digamos oleadas uniformes y predecibles, por el contrario, como no respetar el hecho de que las cosas deben tener un desequilibrio natural para que sean dinámicas, se desarrollen y todo eso. De la destrucción y el caos nace la vida no, para que voy a entrar en detalles.

Ahora mismo, escuchando temas delirantes me sonrío por los desatinos que cometo a cada rato. Claro, si alguien me dice que quiere estar en retiro sin que nadie lo moleste, yo ahí estoy como una pulga preguntando “¿estás listo, estas listo?”. caramba que soy porfiada.Me agrada el silencio tanto como los sonidos, pero me cuesta entender el hecho de que al resto puede estar en un estado distinto al mismo.

Pero retomo la idea de que de la destrucción y el caos nace la vida.

Una vez tuve una pareja bipolar. Lo conocí en una comunidad virtual de bipolares (no se lo recomiendo a NADIE). Estaba rematado, como podría decir, institucionalmente fuera de la vida social. Así, no trabajaba, casi no interactuaba con el resto de las personas, no tenía límites éticos ni morales. Era amigo de lo ajeno (no se resistía a sacar una que otra cosa de una tienda), hablaba sin parar, de manera iterativa, sobre todo lo que pasaba. Recuerdo haber escuchado a diario la misma crítica sobre el manejo de la economía por parte del ministro en cuestión. Eso si, estaba convencido de que lo que él quisiera decir estaría fuera de foco, pero si alguien más lo decía por él estaría bien o al menos sería escuchado. Llegó a pedirme que escribiera una nota al editor de El Mercurio señalando que no eran las instituciones las que estaban funcionando mal sino las personas que funcionaban en los aparatos institucionales (qué quiso decir, ni idea). Estaba realmente fuera de sí, pero para mi era mi pareja ideal: preparábamos los medicamentos al mismo tiempo, nos acompañábamos a los controles, nos acompañábamos a todos los lugares que se nos ocurriera, soportaba aparentemente que durmiera 16 horas diarias (casi morí cuando supe que el no perdía tiempo en satisfacer sus instintos, aún si estuviera dormida).  Llegamos a ponernos las argollas bendecidas por un cura opus dei. No, todo era un drama de terror absurdo, aparentemente imparable, incontrolable por mi voluntad a esas alturas inexistente.

Durante 6 meses, estuve fuera de mi, en el caos mismo, viviendo esa realidad absurda, monotemática, absorvida por un hombre que progresivamente fue corriendo a mis familia, mis amistades, mis quehaceres, convenciéndome de que sólo él me apoyaba en mi tratamiento y que no le importaba nada a nadie más y que de paso mi hija se iría acomodando a nuestro estilos de vida. Enhorabuena mi hija no tuvo que exponerse a ese estilo de vida mórbido.

Perdí la razón, ahora puedo reconocerlo. Esos meses quedaron guardados en algún lugar de mi memoria borrada por los tratamientos electroconvulsivos a los que fui sometida al final de ese año 2006. Había dejado a mi hija a cargo de mis padres sin tener conciencia de lo que hacía y ese dolor está aún presente, pero fue lo único razonable que hice en ese período de tiempo inconmensurable.

Me ha costado sacar la culpa fuera. No tuve tantas sesiones de sicoanálisis como para abordar ese oscuro mundo construido sobre la base de dosis fuertes de litio, ácido valproico, quietapina, azymatrol y otros que ahora no recuerdo. Pero ahora puedo echar fuera todo eso, puedo perdonarlo por haberme tenido recluida sin salir del departamento sometida a no sé que antojos. Puedo perdonarme por haber permitido ese infierno deseado y buscado en ese momento de alguna manera. Puedo decir ahora que todo eso pasó y que ahora cuento conmigo misma para atender mi tratamiento y sobre todo para estar junto a mi hija. Puedo decir que la recuperé, me tomó casi 3 años, pero lo logré, volví a nacer.

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Acerca de Claudia

El año 2006 me diagnosticaron trastorno bipolar y conocí los tratamientos electroconvulsivos. Siguiendo el típico manual, fui diagnosticada tipo I de ciclaje mixto y rápido. Escribo aquí desde agosto del 2012, simplemente para recordarme el sentido que tiene seguir aquí. Mi hija configura gran parte de mi voluntad. eldiariodeunabipolar@gmail.com
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