El siquiatra y el bipolar: ¿dónde está el experto? Parte 2

Afirmo que el o la paciente, bajo ciertas condiciones, puede contribuir con el planteamiento del experto. Lo digo con el ánimo de instalar la posibilidad de que nuestra condición nos quite la inmunidad respecto de la responsabilidad de nuestras crisis.

Digamos, tenemos un diagnóstico, al que se llega, (después de muchos siquiatras y episodios mal tratados) por nuestro testimonio o el de nuestros cercanos, y nuestro comportamiento (quién no llegó con las manos tensas o la cara desfigurada por el dolor, o quizás con nuestro cuerpo a punto de salir disparado por la ventana).

No hubo colega internada, en alguna de las cinco ocasiones en las que estuve ingresada por intento de suicidio, que no relatara la misma historia. Pasaron años antes de que se llegara a un tratamiento que más o menos nos tuviera estables. Algunas con más o menos posibilidades de salir de casa y de desenvolverse en el trabajo o en lugares de estudios, incluso en instancias de reuniones sociales. Todas mis compañeras de internación comentaban lo frustrante que era no saber que les estaba pasando. Lloraban a mares, de pronto con una energía vital increíble, a veces con una irritabilidad que les llevó a cometer actos en los que hubo daño a terceros. Más de alguna confesó haber golpeado a alguien sin mayor provocación. Otras reconocieron que tuvieron momentos en que la líbido se disparó por los aires y sus parejas, si las había, no eran suficientes para aminorar el deseo. Hay excepciones claro, si hay otras vías de echar fuera toda esa energía que nace de nuestras caderas, como correr, escribir, cantar, o simplemente si lo que predominaba era la depresión. Pero para qué negar, nuestra líbido o falta o se pasa…

Ahora, este período en el que no sabemos que pasa, y que a menudo somos tratadas con antidepresivos, creo, se reduciría si nuestro testimonio o el de nuestros cercanos, (para quienes fueron acompañados en durante esa etapa, al menos no fue mi caso), tuviera mayor participación. Claro que estoy siendo reduccionista al no considerar otras variables estructurales como clase social y todo lo que deriva de ello, sin considerar lo débil de las instituciones de salud pública donde generalmente se dificulta el tratamiento. Ahí también hay una tarea que podría cubrirse con nuestra participación.

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Acerca de Claudia

El año 2006 me diagnosticaron trastorno bipolar y conocí los tratamientos electroconvulsivos. Siguiendo el típico manual, fui diagnosticada tipo I de ciclaje mixto y rápido. Escribo aquí desde agosto del 2012, simplemente para recordarme el sentido que tiene seguir aquí. Mi hija configura gran parte de mi voluntad. eldiariodeunabipolar@gmail.com
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