Zafándome de la culpa

Hoy tengo la tranquilidad que viene después de haber sido arrastrada por las olas varios metros mar adentro. Con sueño, cierto, sin muchas ganas de trabajar para variar, pero tranquila, sin miedo al espanto ni a la culpa.

Ayer me deshice de uno de los episodios más dolorosos de mi vida: el amor culposo. Ese que aparece como el eterno, el que no quieres dejar nunca porque está enraizado en lo más profundo. De esos que para sacarlos hay que cambiar la tierra. Del tipo de amor que si lo dejas fluir terminas dañando a otros o a una otra congéner.

No lo haría, aunque hubiera reaparecido después de 20 años. No retomaría una relación que fue terminada sin voluntad, por miedo e inseguridades, sólo porque de repente aparece la voluntad. Prefiero esperar a que decante este mal rato que significó poner término a un vínculo que sólo daña.

Hasta la vista Nicanor.

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Acerca de Claudia

El año 2006 me diagnosticaron trastorno bipolar y conocí los tratamientos electroconvulsivos. Siguiendo el típico manual, fui diagnosticada tipo I de ciclaje mixto y rápido. Escribo aquí desde agosto del 2012, simplemente para recordarme el sentido que tiene seguir aquí. Mi hija configura gran parte de mi voluntad. eldiariodeunabipolar@gmail.com
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