Aunque sea una opción, no voy a suicidarme

El suicidio es uno de los temas más recurrentes en mi mente. Lo pienso a diario, sea como un tópico de observación o algunas veces como una posibilidad. Como sea, me propongo hablar del suicidio para enfrentarlo cara a cara y motivarme a dejarlo como una posibilidad entre millones, pero sólo como probabilidad no buscada.

Anoche miraba en youtube un reportaje publicado en abril de este 2012 producido en España denominado la Ley del Silencio. Ahí se hablaba de la realidad particular de algunas provincias de ese país, con énfasis en los testimonios de quienes se quedan de este lado cuando un cercano toma la decisión de parar con su vida. Me pareció que había muchos lugares comunes, pero que nunca está demás hablar. Eso sí, no hablar desde la culpa, sino desde una mirada reflexiva, desde una postura abierta a la posibilidad del suicidio como opción cuando no se ven más opciones. Porque, cómo le dices a un suicida que no lo haga si en el momento NO HAY otra salida. Lo que se debiera hacer en esos casos es proponerle una suspención temporal “hasta mañana”, y así cada día. De lo contrario es como decirse a alguien que está en medio de la depresión “debes poner de tu parte”. Quien hace eso no se imagina el dolor que eso causa en uno y el impulso que le da a la idea suicida, claro si “no soy capaz siquiera de poner de mi parte”.

Aprovechando estos días de estabilidad relativa, quiero elevar un deseo profundo por vivir, pase lo que pase, vivencie lo que sea. No por un sentimiento de culpa debido a lo que puedan llegar a sentir los que se quedan de este lado. Es harto más complejo que eso. Quiero dejar de vivir en el límite entre la vida y la muerte. Quizás no me ame lo suficiente como para tener amor por la vida, pero si amo a mi hija que es parte de ella, al final de algún modo estoy conectada.

Si viene la ideación mensualmente como siempre, me daré tantos baños como sean necesarios,  y dormiré si así siento necesario. Si se asoma el gesto suicida,  como ocurre semestralmente, me hablaré mirándome en el espejo y saldré a pedir ayuda. Pero si en el futuro vuelve el intento, como el año pasado, trataré de abrazarme a estas palabras que dejo aquí hasta que alguien alcance a llegar para darme un abrazo.

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Acerca de Claudia

El año 2006 me diagnosticaron trastorno bipolar y conocí los tratamientos electroconvulsivos. Siguiendo el típico manual, fui diagnosticada tipo I de ciclaje mixto y rápido. Escribo aquí desde agosto del 2012, simplemente para recordarme el sentido que tiene seguir aquí. Mi hija configura gran parte de mi voluntad. eldiariodeunabipolar@gmail.com
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