Soy bipolar… soy clandestina?

Desde un tiempo a esta parte, he tratado de mantener en anonimato mi condición de bipolar. Cuando lo hice público, es decir, cuando lo comenté a quienes consideraba mis amistades noté que de pronto dejaron de invitarme a sus encuentros, (léase cumpleaños, fiestas, tertulias o como se le llame). Fue duro notar ese distanciamiento de parte de gente que estimaba mucho. Sólo un@s pocos se han mantenido aquí  junto a mi, constituyéndose en los imprescindibles. Esas personas que sé que si me ven boca a bajo no me van a dar un empujón para que caiga. Por el contrario, me sostendrán si les dejo claro, y me escucharán sin darme esos consejos que ya saben nos pone más irascibles.

Anoche estuve en el cumpleaños de una amiga que conocí hace 25 años. Es de esas que aunque estén recorriendo el mundo tienen por ahí una palabra de apoyo. También conocí a gente agradable, pero no sé como se llega inevitablemente a los padecimientos de cada uno. Tuve que controlar mi deseo de compartir con ellos que me pasaba, pero desperté y me di cuenta de que era lo más poco apropiado que podría haber hecho.  Así que me guardé esas ganas y sólo me dedique a hablar con un par de personas hablando cosas en común. Una había vivido 6 años en Asturias, donde se casó con un chico de allá. El otro, era un chico que había vivido en Barcelona. Y yo, bueno, yo no he ido por Europa, menos a España, pero tengo buenos recuerdos de oriundos de una que otra provincia. Ellos me enseñaron a que no siempre se identificaban con la bandera de España sino más bien con una bandera local que les hacía sentirse más identificados. Eso es bello… Como sea, durante el cumple me dediqué a escucharlos e intercambiar apreciaciones dentro de lo que yo podía aportar.

Nadie dejó de referirse a la idea del fin del mundo, por cierto todos se mofaban de la cultura del miedo que se había implantado y que tenía a mucha gente en estado de sicosis. Más de alguno escuchó la noticia de uno o más grupos que se estaban reuniendo para realizar un suicidio colectivo. Otros que se fueron a la montaña a recibir el solsticio de verano (acá estamos por el sur, claro). Mucha gente que conozco realizó uno que otro rito para recibir esta nueva era. Para algunos por cierto son pamplinas. Para mi todos esos son puntos de vista válidos. Cada uno tiene derecho a sentir lo que le acomode.

Para mi el 21 de diciembre, aparte de darle la importancia vital al cambio de estación y de modos de percibir el mundo, me recordó que de alguna manera, por ahora, debo mantener mi condición de bipolar bajo riguroso secreto. Por qué? Porque en una de esas conozco a gente buena que una vez que note que no tengan prejuicios con mi locura pueda contarles. Ahora bien, para qué contarlo? Acaso aquel que tiene diabetes no lo cuenta? Bueno, no siempre es así. La verdad es que en mi opinión la soledad me hace sentir el impulso de contarlo. De alguna manera este estado, que es, como dicen algunos, un don, es parte de mi identidad. Oscilo de un lado para otro, vivencio como otros, (como llamarles, compañer@s bipolares?), estados extremos de emociones. Pero claro eso puede llevarse de alguna manera y tener una buena calidad de vida. Pero, y aquí está mi cuita, si alguien sabe que soy bipolar probablemente me considere una loca desquiciada con problemas de conducta que pueden llevar a la agresividad y por ende a ser un riesgo para la sociedad. No puedo decir que me es indiferente lo que otros piensan. No estoy sola. Creo que no me gustaría avergonzar a mi hija más allá de lo que ya he hecho. Qué culpa tiene ella de tener una madre que anda con las ojeras púrpuras y en ocasiones con la mirada perdida o con ademanes acelerados?.

Bueno, por ahora seguiré en la “clandestinidad” delante de aquellos que sé no serán mis imprescindibles.

Parabienes a tod@s y feliz nueva Era (si así lo creen)

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Acerca de Claudia

El año 2006 me diagnosticaron trastorno bipolar y conocí los tratamientos electroconvulsivos. Siguiendo el típico manual, fui diagnosticada tipo I de ciclaje mixto y rápido. Escribo aquí desde agosto del 2012, simplemente para recordarme el sentido que tiene seguir aquí. Mi hija configura gran parte de mi voluntad. eldiariodeunabipolar@gmail.com
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