Zolpidem

Dormí toda la noche. Desperté con el cuerpo atravesado en la cama. Afortunadamente mi cama es bastante grande, así que puedo dibujar con las sábanas otra cama si quiero. Al menos puedo decir que no desperté en medio de la noche con ganas de ducharme y salir a la calle. Es más, puedo decir que estoy bastante estable y con algo más de juicio.

Cuando estoy así tengo ganas de limpiar hasta el último rincón de mi cuarto. Hasta me animo a desprenderme de cosas que creo están demás en mi baúl que ya tiene 60 años de haber sido construido por mi abuelo. De eso si que no me separo, como tampoco de los dibujos de mi hija desde la primera vez que tomó un lápiz hasta los últimos que ha pintado en el colegio. La verdad no soy buena para deshacerme de cosas significativas para mi. Es algo así como tener el síndrome de Diógenes, pero en vez de acumular desperdicios acumulo recuerdos que cuando los vuelvo a ver me sacan del normal transcurso de las cosas para abandonarme a los sueños y las historias que giran en torno  de aquello que tengo en las manos (nada que ver con lo que señalaba Diógenes de Sinope que hablaba de la independencia de las cosas, pero bueno).

Conservo la mayoría de mis agendas desde 1990. Durante los primeros 10 años solía escribir poemas y dibujar extrañas figuras que finalmente describían muy bien mi estado de ánimo, incluso las reproducía en los talleres manuales que tenía en las clínicas siquiátricas. Por ejemplo, conservo un trozo de cuero enmarcado por mi con palo de madera para hacer maquetas. En ese cuero por medio de un pictógrafo dibujé al lado izquierdo del cuadro una colina con casas que tenían un tendero con ropa al viento; debajo un hombre y una mujer abrazados a una guitarra con el logo “Cuvalparaíso”; a la derecha dos ángeles de lado mirando la figura central que se ubicaba en el mar con la luna por encima de la cabeza: una mujer con su bebé en brazos. Esa era yo naturalmente. Ese dibujo lo hice durante años incluso antes de ser madre. La primera vez fue el año 1994. Ahí plasmé mi tres grandes amores: la maternidad, la luna y la guitarra. A veces pienso que son a la vez mis grandes culpas, pero creo que hablaré de eso en otro momento.

Qué tiene que ver todo lo dicho con el Zolpidem? Bueno, es que cuando lo tomo no recuerdo lo que sueño y eso para mi es algo triste pero a la vez liberador. Esto en el sentido que me mantengo más pendiente de lo que ocurrirá durante el día que de lo que pude haber experimentado durante la noche de sueños. Como sea, tras limpiar mi cuarto, no me desprendí de nada.

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Acerca de Claudia

El año 2006 me diagnosticaron trastorno bipolar y conocí los tratamientos electroconvulsivos. Siguiendo el típico manual, fui diagnosticada tipo I de ciclaje mixto y rápido. Escribo aquí desde agosto del 2012, simplemente para recordarme el sentido que tiene seguir aquí. Mi hija configura gran parte de mi voluntad. eldiariodeunabipolar@gmail.com
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