Por qué si me levanto a tomar un chocolate caliente tengo que acompañarlo de un cigarro, ah?

En este minuto no estoy sola. Tengo la más amplia variedad de compañía que podría desear, desde la más inconclusa, hasta la menos constante. Para qué lo voy a ocultar, hay una dimensión importante en mi vida que es la sexualidad plena y al menos esa está ahí, tranquila, bien, muy pero muy bien. “Siempre lo hiciste así…” fueron las palabras de un amante que no volvería a ver en mucho tiempo. Creo que eso resume mis encuentros. Siempre lo hice así, pero ya hablaré de eso algún día.

Lo de mi familia, ese desapego involuntario, va y viene. Aunque tengo por regla no sostenerme permanente en ella, no puedo negar que pase lo que pase están aquí presentes,  conmigo, ayudándome a salir de las caídas. Siempre, repito, siempre. Ayudándome a alejarme de los impulsos. Por ejemplo, la semana pasada, luego de una enferma pelea con mi mamá, mi impulso suicida saltó a la vista de ella. Qué va, ya está acostumbrada. Pero eso fue sólo una lisa y llana automanipulación, una manera de sostenerme a la vida a pesar de que la persona que tenía enfrente sólo quería que yo desapareciera de sus vidas. Pero aquí estoy. Luego de un arranque nos enfrentamos y abrazamos como siempre lo hacemos después de que baja la pelea. Nada peor que una guerra entre dos bipolares.

Este jueves próximo tengo cita con la siquiatra. Qué novedades le daré? Que estoy toda una adicta al chocolate caliente y que he bajado la dosis de nicotina. Porque es así, la ansiedad, cuya máxima expresión es mi mano sosteniendo un cigarrillo, ha bajado. Eso es tremendamente bueno. Qué otra cosa. A pesar de lo que ello ha significado, me he ido alejando de a poco de personas que no aportan mucho a mi estabilidad, básicamente porque siento que esperan a que me caiga. Eso es paranoia pura, lo sé, pero es mi manera de enfrentarme a mis miedos y monstruos que no vacilan en molestarme en la noche. La noche. La noche está bien para mi. Estoy durmiendo como un lirón. Sin pesadillas ni nada por el estilo. Creo que en resumidas cuentas el balance es bien positivo.

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Acerca de Claudia

El año 2006 me diagnosticaron trastorno bipolar y conocí los tratamientos electroconvulsivos. Siguiendo el típico manual, fui diagnosticada tipo I de ciclaje mixto y rápido. Escribo aquí desde agosto del 2012, simplemente para recordarme el sentido que tiene seguir aquí. Mi hija configura gran parte de mi voluntad. eldiariodeunabipolar@gmail.com
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