Hoy me vino la gana simplemente de recordar

Soy una simple mujer que se desnuda ante lo natural de la naturaleza y que se bota en contra del cemento y las caretas que hay que poner para pasar desapercibido. Aunque reconozco que también detesto las máscaras que se emplean para pasar advertidos por doquier, pero y qué si algunos lo quieren así?

Me importa tan poco que me digan que estoy loca. Porque ese es sólo un calificativo que algunos usan de manera lata conmigo como si fuese un descalificativo, como si fuese el mejor argumento para aislarme del resto del grupo, como si fuera una categoría universal en el que se mete adentro todo acto que aparece fuera de foco. Y qué tiene estar fuera de foco?, reír a destajo cuando al gato se le ocurre comer la comida del perro? o qué tiene de antinatural que a mis 40 años juegue? o que tiene de raro creer que no estoy sola, que soy acompañada a diario aunque no vea a mis acompañantes? Y qué si me pasa a menudo? A eso le llaman sicosis? Pues el mundo entero está en sicosis.

De muestra, un botón. Hoy quiero hablar entre líneas de una de las experiencias más especiales que he tenido, después del alumbramiento de mi hija. Y para eso me voy a acompañar de Dead Can Dance.

Era 1977 y mi país estaba en plena cortadera de luz y cierre de puertas cuando aún no se iba la luz del día… Yendo al grano, por entonces tenía 5 años cuando comencé a experimentar con juegos de ultratumba. Permanecía sola en mi dormitorio durante horas, sin tener miedo. Al igual que ahora, tenía la sensación de estar siendo observada, pero en ese momento creía que se trataba de ángeles.

Me gustaba arrugar las sábanas y las frazadas construyendo ciudades y poblados por donde mis dedos circulaban a modo de gente. Esa gente subía y bajaba por doquier. Había escaleras, cuevas, casas, autos, árboles, montañas y de un cuanto hay. Recuerdo que ese era mi juego favorito y lo jugaba preferentemente de noche para hacerme compañía, cuando por alguna razón no había ningún adulto merodeando.

Una noche, después de haberme arropado, sola obviamente, comencé a ver una luz en medio de la habitación. No recuerdo que pensé exactamente en ese momento (tanto sicoanálisis para nada), pero me fue tan familiar que la invité a jugar. Me alumbró las ciudades y poblados que había edificado con las sábanas y las frazadas y no sé que más…

Eso era, sólo quería recordarlo y sentir nuevamente esa sensación de no tener miedo a la falta de luz.  Y después me pregunto descaradamente por que en la escuela me llamaban loca. Precisamente porque sacaba a colación juegos como este en medio de una conversación sobre juegos de muñecas.

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Acerca de Claudia

El año 2006 me diagnosticaron trastorno bipolar y conocí los tratamientos electroconvulsivos. Siguiendo el típico manual, fui diagnosticada tipo I de ciclaje mixto y rápido. Escribo aquí desde agosto del 2012, simplemente para recordarme el sentido que tiene seguir aquí. Mi hija configura gran parte de mi voluntad. eldiariodeunabipolar@gmail.com
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