Caramelos de miel y vigilia

Ha sido difícil para mi sentarme frente al computador para contar en qué estoy. La verdad, las novedades no alcanzan a tomar vuelo, por lo que las menciono apenas si es que el tiempo no se las quiere llevar. La frase que describe mi estado es “caramelos de miel”, o a la espera de que pase el tren que me quiere llevar.

Aún me rehúso a ser embarcada en proyectos de a dos. Es como si se me fuera la vida en ello. Mi individualidad e individualismo me han hecho presa de la libertad, de la bendita libertad. Así es, y bueno, qué otra cosa podía esperar de alguien como yo, que se enamora y desenamora como el viento que sopla por todos lados. Y esto no es precisamente un rechazo a la monogamia.

Estoy resignada a no conformar una relación de pareja estable, no por miedo ni esas cosas, simplemente porque a veces no me da, y es difícil que alguien entienda eso de una buena vez. Por eso, cuando encuentro a un otro que asume que estoy en libertad, me siento en paz.

Lamento que esto sea un tema para mi. Debería dedicarme a vivir no más y no mirar para atrás; pero me desagrada notar que más de alguno pudo haber quedado mal. Eso de la culpa me mata, cierto, pero por qué lo voy a ocultar.

Si mi sueño ha sido romper todo tipo de cadenas y echar a andar, quiero tener la confianza de que lo que estoy haciendo no le hace daño a nadie. Así de simple. ¿Es tan difícil? Así lo creo.

Busco respuestas a esta condición, y he llegado a la conclusión de que sólo busco paz en medio de la marejada, y las relaciones de pareja, después de llevarme a la cima, me dejan absolutamente en letargo crónico, combinado con angustia y algo de infame depresión-manía o manía-depresión, como quiera que se aparezca. Esto me lleva a re preguntarme, y ¿por qué? Claramente creo que huyo del burdo sometimiento venga de donde venga. Eso, sólo soy coherente con lo que creo en todas las dimensiones. Si me opongo a las tiranías socio-políticas, ¿cómo no me voy a oponer a la tiranía del cuerpo?

Un abrazo terapéutico a quien me lee.

Clau

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Acerca de Claudia

El año 2006 me diagnosticaron trastorno bipolar y conocí los tratamientos electroconvulsivos. Siguiendo el típico manual, fui diagnosticada tipo I de ciclaje mixto y rápido. Escribo aquí desde agosto del 2012, simplemente para recordarme el sentido que tiene seguir aquí. Mi hija configura gran parte de mi voluntad. eldiariodeunabipolar@gmail.com
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