Donde nadie oye mi voz…

No quiero ocultarme que he pasado por aquí cien veces al día para releer lo que escribo después de lanzarlo al espacio sin edición alguna. Confieso que ya no me da pudor; por el contrario, me anima a reventar mis dedos, obligándolos a echar afuera todo lo que me perturba y lo que me reanima, también. Aunque parezca un espacio hacia afuera, de extraversión, es para mi un interior virtual, un espacio donde se oye mi voz de alguna manera. Es un afuera, pero hacia adentro a la vez. Acá, desde donde escribo, es un afuera, donde no soy escuchada, o donde al menos (casi) no grito para no ser escuchada.

Como sea, cuento dos días de vigilia, dos días en que mis manos están apuradas y quisiera salir disparada por la ventana. Me controlo, ya me lo he dicho mil veces “esto es así, es usual, hay que ajustar medicamentos nuevamente”. Afortunadamente la siquiatra que me orienta, -no en calidad de una experta que está allá en el Olimpo, sino como alguien que ha tenido la experiencia y los contenidos que contribuyen a hacer las cosas más llevaderas- me ha confiado los ajustes, con aviso obviamente. Así que paroxetina se reduce y aumento aripiprazol.

La vigilia en plena noche se potenció con la descompensación de la diabetes de mi abuela. Con mi hija tuve que partir al servicio de urgencia porque ella había dejado de administrarse la insulina. Quiere morir, dice; que frase tan familiar. Ya una vez me hice cargo de ella y la verdad no hay peor combinación que yo y la insulina en días de vacío. Pero no voy a hablar de eso por ahora.

Una vez un profesor, a quien nunca le entregué mi tesis doctoral, me dijo que siempre me pasaban cosas, siempre tenía excusas para no ir o terminar algo. Cuando se enteró lo del ingreso y las razones de aquello, según me dijeron, lloró. Bueno, anoche, mirando las caras de los ingresados, los y las médicos, paramédicos, y etc. lloré, me exhalté, grité, simplemente me descompensé. Y alguien puede preguntarme si me pasan cosas… cierto, como a todos.  Que no tiene nada que ver lo del profesor y el llanto de anoche? Todo tiene que ver con todo, en mi modesta opinión.

Ahora debo estar calmada, obligarme a dormir con un zolpidem o dos, o tres, lo que sea, pero de esta noche no paso sin dormir. Estoy que reviento.

Un abrazo a quien me lee.

Clau

 

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Acerca de Claudia

El año 2006 me diagnosticaron trastorno bipolar y conocí los tratamientos electroconvulsivos. Siguiendo el típico manual, fui diagnosticada tipo I de ciclaje mixto y rápido. Escribo aquí desde agosto del 2012, simplemente para recordarme el sentido que tiene seguir aquí. Mi hija configura gran parte de mi voluntad. eldiariodeunabipolar@gmail.com
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2 respuestas a Donde nadie oye mi voz…

  1. Hola, Clau. Lamento que estés pasando por este momento, sobre todo con tu abuela. Me pasó algo parecido (se quería morir). Es duro.
    Te mando un fuerte abrazo.

    • Claudia dijo:

      Gracias por tus palabras. Mi abuela está buscando la muerte de mil maneras. No sabes cómo he llegado a reflejarme en ella. Espero que todo salga bien, esto mata a diario. Un abrazo grande.

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