tenía que hacer algo para no salir disparada y me vine a la montaña

Es difícil transmitir las emociones oscuras de mi cabeza cuando estoy al borde del precipicio. Pero, recurriendo a las metáforas me basta con describir la compañía del vacío y la torpeza de la melancolía en medio de la tempestad. Cómo no salir huyendo de ese lugar en el que reposa la amargura, la dilatada forma de estar sobre la nada y nadie.

No había abrazo terapéutico que valiese.

Me vine a una geografía distinta, a un lugar en que puedo volver a respirar hondo y por qué no, simplemente respirar.

Tenía que levantar los hombros de alguna manera. Levantar la frente y las manos, aunque no hubiera ayuda que fuera suficiente. ¡Qué otra cosa iba a hacer!. En medio del cemento no están mis mejores amigos como para tomar alguna mano que me saque de ahí.

Mi fe, mi bendita fe a prueba de tempestades, vaivenes y vendavales me saca una vez más de la pira en el que estaba mi cuerpo de cabeza.

Ahí estaban mis estrategias de sobrevivencia: el ordenar mis prioridades, que a esas alturas no estaban claras; ordenar mi cuarto a regañadientes, cantar, abalanzarme sobre un chocolate; vigilar mis manos; dirigirme hacia la ventana y ver que el mundo sigue andando incluso dentro del dolor y la espera por la esperanza.

Salí corriendo literalmente del vacío con la ayuda de un pensamiento mágico. Un mensaje de esa voz que me recuerda sobre qué estoy realmente parada.

No sé cómo escribirlo, pero cuando se abren nubes y la montaña se dibuja justo sobre mi, es cuando mis manos alcanzan a coger el cable a tierra para ir a depositarme justo en medio de algo que se llama vida.

Bendiciones a quien me lee.

Clau

Pd: Esta locura circular cansa a cualquiera, pero a mi me anima a seguir creyendo, simplemente eso, seguir creyendo.

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Acerca de Claudia

El año 2006 me diagnosticaron trastorno bipolar y conocí los tratamientos electroconvulsivos. Siguiendo el típico manual, fui diagnosticada tipo I de ciclaje mixto y rápido. Escribo aquí desde agosto del 2012, simplemente para recordarme el sentido que tiene seguir aquí. Mi hija configura gran parte de mi voluntad. eldiariodeunabipolar@gmail.com
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4 respuestas a tenía que hacer algo para no salir disparada y me vine a la montaña

  1. lcruz31 dijo:

    Somos muchos los que nos sentimos así. Cada día es un reto, sólo alguien que ha pasado por esto puede entender lo que sentimos y el dolor que nos provoca.
    Bendiciones…

  2. Natalia dijo:

    La poesía… es el lenguaje preciso para expresar nuestro “trastorno bipolar” El dolor crea arte, porque el dolor destapa la superficie y se sumerge en lo más profundo de tu ser.
    Saludos, yo también soy de Chile
    te sigo 🙂

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