Bendita quetiapina de mis sueños

Llevo algunos días con la quetiapina de regreso, y sólo puedo decir que a duras penas me levanto y me mantengo en pie. Ya me figuro frente a un computador en un lugar de trabajo común y corriente: toda destruida y derrumbada en el suelo. Así es, hace rato que tuve que asumir que no puedo tener un “laburo” como toda la gente que se levanta por las mañanas a cumplir un horario fijo y unas órdenes que someten a una lógica inamovible.

La quetiapina me deja así, toda desvestida, sin ganas de salir de la casa, sin ganas de convivir con otros, sin ganas de escuchar siquiera. No me queda de otra que recurrir al café instantáneo.

Hoy salió el sol después de una esperada lluvia. Mis ojos estaban pegados a la almohada, y mis brazos estaban acurrucados a mi pecho. El celular-despertador… como gritaba ese despertador! No tenía fuerzas para apagarlo.

Sabía que era un nuevo día, que era hora de levantarse para dar el desayuno y peinar a mi hija. Literalmente, me lancé al suelo y me arrastré hasta el baño donde mojé mi cara. Mi cuerpo pesado no me dejaba atinar a ponerme la bata-manta que uso, y abrir la puerta. Fue mi hija quien la abrió primero. Como pude, le trencé el pelo y abrí la puerta para que se fuera a su clase.

Después no pude si no volver a la cama por dos horas más. El sueño me tiró de frente a las sábanas y mis manos guardaron el celular-despertador en la mesita de luz (que cliché forma de llamar al velador la mía). Ni siquiera alcancé a divagar. Dormí.

Desperté por puro asombro. Abrí los ojos ya menos cansados, pero con el peso del cuerpo sobre el colchón. Así me levanté, lavé los platos, le di comida a la perrita y volví a la cama un rato, sólo hasta que recordé que debía volver a terminar algo de una buena vez, algo que podría incluso llegar a ser mi tesis doctoral (risas y más risas). Es sólo la edición de algo que debo armar en cuatro meses.

Me puse a cantar. Y en medio del canto me lancé a la ducha… y aquí estoy, retomando mis labores, junto a un café pre y post cigarrillo.

Un abrazo a quien me lee.

Clau

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Acerca de Claudia

El año 2006 me diagnosticaron trastorno bipolar y conocí los tratamientos electroconvulsivos. Siguiendo el típico manual, fui diagnosticada tipo I de ciclaje mixto y rápido. Escribo aquí desde agosto del 2012, simplemente para recordarme el sentido que tiene seguir aquí. Mi hija configura gran parte de mi voluntad. eldiariodeunabipolar@gmail.com
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4 respuestas a Bendita quetiapina de mis sueños

  1. Lourdes dijo:

    Acabo de perder mi trabajo; lo único que me mantenía ligada a la sociedad, lo que me daba sentido de ser útil, de poder contribuir al sustento del hogar. También perdí mi casa, la que tanto esfuerzo nos costó. No hay palabras que puedan describir lo que siento. La vida me derrotó, no puedo ni quiero levantarme. Sólo quiero obscuridad y silencio. Nada más.
    Saludos, un abrazo

    • Claudia dijo:

      Lourdes, qué decirte que no sea de mi experiencia.

      Algo sé de perder todo vínculo con la sociedad, especialmente con la realidad. Perder el juicio es algo que todavía me cuesta describir, por algo he estado tantas veces ingresada en un lugar de esos en que se meten en tu cabeza y en la que afirman si quieres escapar.

      El parar un poco es necesario, pero el detenerse completamente, creo, (aunque no siempre lo practico), pone término definitivo a un problema que podría ser temporal.

      Creo que no estás derrotada. El que estemos con las cortinas cerradas, con poco o nada de dinero, sin trabajo, ni amistades incondicionales, obligadas a ajustarnos a vivir en una casa que no es propia, es la oportunidad para algo bueno, no siempre sé bien qué, pero siempre hay una vuelta que darle a las cosas, aunque sea después de un vendaval. Tuve que dejar de hacer lo que más quería (terminar mi doctorado y dar clases), porque no me dió la salud para eso.

      Deseo que estés bien, que llegue algún minuto en que quieras y puedas encender la luz. Toma un tiempo, a veces demasiado largo. Si tienes TAB como yo, ya sabrás que las emociones fluctúan a veces demasiado hondo, y aunque queramos, las cosas no salen, y no es por desidia, es que es así son las cosas y no hay nada más que hacer sino esperar y aferrarse a lo que más amamos, especialmente a nosotras mismas.

      Un abrazo

      • Lourdes dijo:

        Gracias por tus palabras. Ayer las leí pero no es hasta hoy que las releo que las interna lizo. Ayer me sobre mediqué de tal forma que hasta mensajes de despedida dejé a varias personas que me llamaron alteradas, y yo ni recordaba lo que había pasado. Hoy me siento mejor, un poco más optimista, a ver cuánto me dura.
        Abrazos;
        Lourdes

      • Claudia dijo:

        Gracias por contármelo, Lourdes. Una vez dejé hasta un video que me mostraron meses después. Esas cosas las hacemos por puro dolor, y la gente de afuera tarda en entender. Ya pasará. Ojala tengas la posibilidad de que alguien te acompañe. Estas cosas en soledad son duras y un abrazo nunca está de más.
        Abrazos
        Claudia

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