Quien esté libre de pecado…

Nuestro cuello, zona tan fuerte y vulnerable a la vez. Un pequeño apretón nos obliga a buscar el aliento que se nos va de a poco; a agitar las manos y sostenernos de la vida como si en ello se nos escapara el alma. Algo sé de eso.

Mi último ingreso, el 2011, fue por rodear mi cuello con un cable suspendido de una viga del techo. No había decisión, había acción, no había arrepentimiento, había vacío. No sé si logro transmitir la sensación de vacío y sinsentido que emerge en medio de una oleada de esas que te eleva hasta el cielo para estrellarte en un muro y decir “mi sola presencia causa daño a los que amo”. Había dejado de tomar los medicamentos, y bebía alcóhol con cierta frecuencia. Esa fue la consecuencia, la búsqueda de la puerta lateral que conduce al infierno para unos, al purgatorio para otros, a la nada, a donde sea. Según yo, a la condena a volver una y otra vez al mismo punto de origen, a la misma calle en que todo se define para un norte o para otro.

Creo que la sola ideación te mata un poco, o al menos te hiere el alma y el cuerpo. El gesto ya irrumpe en tu cabeza como una daga; y el intento, bueno, el intento puede o no llegar a ser la concreción. Como sea, la sola letra ya hace una distinción entre la vida y la muerte.

Estoy aquí, por milagro, pero también porque aquí dentro de este cuerpo y rodeándolo hay algo más fuerte que las letras que componen la ausencia autoinflingida.

Saber que otro hermano bipolar, o alguien que vivencia una profunda depresión ha resuelto partir, me mata un poco. No podría por ningún motivo sentenciarlo al infierno ni a ningún lugar que algunos pregonan. Qué fácil es decir que fue un cobarde, que no tuvo la fortaleza para salir del vendaval depresivo. Que difícil es simplemente recordar lo que para algunos pudo haber sido un regalo: la risa.

A quienes me leen, les envío un abrazo fraterno y les digo que esto es rudo, que la vida puede ser cuesta arriba o cuesta abajo, pero como sea, andan por ahí algunas sendas que nos hacen el camino más llevadero. Que cada uno lo nombre.

Bendiciones.

Claudia

 

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Acerca de Claudia

El año 2006 me diagnosticaron trastorno bipolar y conocí los tratamientos electroconvulsivos. Siguiendo el típico manual, fui diagnosticada tipo I de ciclaje mixto y rápido. Escribo aquí desde agosto del 2012, simplemente para recordarme el sentido que tiene seguir aquí. Mi hija configura gran parte de mi voluntad. eldiariodeunabipolar@gmail.com
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2 respuestas a Quien esté libre de pecado…

  1. Clau, hoy leí un artículo sobre Robin Williams. Termina así:

    “But like Williams, we all have many faces. His, at times, masked another solider in a silent army, fighting a secret war that their friends, family and admirers might not always see. Instead of focusing the very real sadness of his suicide, I want to raise a glass to Robin Williams – of something non-alcoholic, as a recovering addict myself – and hold a parade in his honor, for fighting this terrible disease for so long. He may not have made it through the battle, but his effort can be an inspiration for the rest of us to fight”
    http://goosecreekcoaching.blogspot.com.ar/2014/08/the-many-faces-of-robin-williams.html?m=0

    Creo que sólo algunos podemos comprender cómo se siente.
    Sólo nosotros sentimos esa empatía, cuando el resto de la gente siente lástima, echa culpas o se asusta.
    No hay más que decir, solo un abrazo fuerte.

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