Eliminando la culpa

La culpa, esa flor de manía autoflagelante que se impregna en nuestra piel para coordinar la masacre de la libertad de hacer y deshacer según nuestras convicciones. La misma que se posiciona como barniz oscuro en las uñas de las garras que deben aparecer cuando nos falta el coraje de enfrentar los días que se vienen apesadumbrados. A esa culpa es la que quiero eliminar de cuajo, antes que me lleve el viento intentando florecer en medio de la marejada.

Nunca estuve de acuerdo con el sicoanálisis, pero en uno de los ingresos me vi en un diván relatando los sucesos de mi infancia y mi presente. Conclusión, la culpa es la gran responsable de la imposibilidad de hacer frente a los virajes, cuando es posible hacerlo sin mediar un TEC o un nuevo cambio en el tratamiento. Es como si apareciera un aviso, un S.O.S. que me indica que estoy siendo desleal conmigo misma. Por eso la soga, por eso las sobredosis, por eso las alturas, por esos las vías del tren que convocan a la solución definitiva de un problema temporal.

De niña solía jugar con un espejo puesto de manera horizontal afirmado por mis manos. Caminaba viendo el reflejo de lo que estaba por sobre mi cabeza. Jugaba a ser feliz dentro de la posibilidad de caminar sobre las nubes. También jugaba a la máquina del tiempo, como un bello camino hacia lugares y tiempos remotos o futuros. También buscaba el placer de caminar con mis polleras al viento sobre la maleza que crecía en torno a los girasoles. Cierto, siempre busqué la evasión de la realidad, simplemente porque donde estaba no encajaba.

Mis padres, ambos bipolares, me enseñaron justo lo que no debo hacer: culparme de lo que hago u omito. ¿Por qué hacerlo?

La culpa ha sido un potente gatillador de la pena, justo en medio de la efervescencia de la manifestada realidad.

La culpa y su sordera ha sido el mayor de los descuidos de mi propio manual de autoayuda.

Siento que hablo con pasión de mis estados. Y por qué no, si en mis oscilaciones es donde me encuentro con mi esencia: el eterno cambio. Y en eso, la culpa ha jugado un papel en contra.

¿Por qué autoflagelarme pudiendo celebrar el día tal y como viene? ¿Por qué si hay sustancias y neurotransmisores que conspiran contra mi estabilidad, debo además agregar el condimento del autocastigo?

Eso es precisamente lo que quiero erradicar. Echar fuera de mi vista esa insoportable manera de autodañarse y expresarme tal y como soy.

Hay distintas formas de estar en el mundo. Yo quiero estar, ser, sentir y hacer sin dolor, sin angustia, y con paz dentro de mi cabeza. ¿Se puede? Yo creo que sí, eliminando la culpa y sus guardianes. El resto lo harán los medicamentos por si las dudas.

Un abrazo a quien me lee.

Claudia

 

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Acerca de Claudia

El año 2006 me diagnosticaron trastorno bipolar y conocí los tratamientos electroconvulsivos. Siguiendo el típico manual, fui diagnosticada tipo I de ciclaje mixto y rápido. Escribo aquí desde agosto del 2012, simplemente para recordarme el sentido que tiene seguir aquí. Mi hija configura gran parte de mi voluntad. eldiariodeunabipolar@gmail.com
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2 respuestas a Eliminando la culpa

  1. Alberto dijo:

    La culpa no te deja ver tus verdaderas virtudes, Claudia :))

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