Las nueces también sirven para la incertidumbre

Salir fuera de estas paredes es todo un desafío. Me figuro aquí, en mi dormitorio, con la ropa usada hace tres días por poner y una toalla naranja a la espera de que resuelva meterme a la ducha.

En mi escritorio, los pañuelos húmedos circulan sin límites. Cuadernos abiertos, hojas sueltas, el reloj, mis piedras, los anteojos, todo al unísono, en un mentado desorden.

Mientras, algunas nueces se suman a mi estómago que tiembla por alguna razón que trataré de encontrar en estas líneas.

Y yo, yo quisiera que un futuro abrazo estuviera aquí.

No alcanzo a estar razonablemente enojada, ni brutalmente conmovida; es solo esta pesadez que me impide levantarme de este lugar para salir a realizar mis quehaceres. Los lagrimones afloran, pero mis manos alcanzan a sostenerlos. Por lo visto, hoy estoy de mil maravillas de tristeza ahogada. Y es fantástico, la verdad. ¿Por qué sufrirlo si puedo esperar a que amaine esta breve tormenta?

Todo comenzó hoy por la mañana. Mi cuerpo cansado no me dejaba poner en marcha el peine sobre la cabeza de mi hija, y una breve discusión entre mi mamá y yo hizo que se me pusieran los pelos de punta. Callé, simplemente callé. He aprendido a que con ella hay ciertas cosas que no tienen respuesta que valga la pena sostener. Ahí vino, si, ahí emergió esta sensación de pesadez en el cuerpo. Todo por no desahogarme, echar afuera, por matar la amargura que se viste de sordera.

Veo a mi mamá y de alguna manera me veo a mi: 62 años, 40 de dedicación a sus hijas, aun a costa de su propia felicidad. Yo quiero algo más. Amo a mi hija, pero me falta el amor propio y eso tiene que venir a mi a la mayor brevedad. Ya veré cómo.

 

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Acerca de Claudia

El año 2006 me diagnosticaron trastorno bipolar y conocí los tratamientos electroconvulsivos. Siguiendo el típico manual, fui diagnosticada tipo I de ciclaje mixto y rápido. Escribo aquí desde agosto del 2012, simplemente para recordarme el sentido que tiene seguir aquí. Mi hija configura gran parte de mi voluntad. eldiariodeunabipolar@gmail.com
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