Pasa que veo el vaso medio lleno

Es cierto que suelo pisar el palo de la pena de vez en cuando, y que me sostengo de un madero cuando eso pasa. También es verdad que se me arranca la vida en medio de la ansiosa costumbre de salir disparada por la puerta a algún lugar de esos en que me pierdo y me encuentro frente al espejo deslumbrada por mi presencia altiva y activa.

Pasa con cierta frecuencia que quiero marcharme bien lejos por ahí, a las faldas de la montaña, como si no hubiera otra tierra que habitar. Pero también ocurre que las manitas de mi hija, que ya me supera en altura (todas las alturas), me sostienen y me animan a seguir en el cemento de la ciudad recorriendo sus rincones, sus avenidas y los pocos espacios verdes que aún le quedan, buscando el sustento diario de cada día.

Sucede que me pasa a veces que tengo las manos temblorosas y la mirada perdida, pero me aferro a la vida sintiendo la espesura de la primavera que tanto moco me hace llover.

 

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Acerca de Claudia

El año 2006 me diagnosticaron trastorno bipolar y conocí los tratamientos electroconvulsivos. Siguiendo el típico manual, fui diagnosticada tipo I de ciclaje mixto y rápido. Escribo aquí desde agosto del 2012, simplemente para recordarme el sentido que tiene seguir aquí. Mi hija configura gran parte de mi voluntad. eldiariodeunabipolar@gmail.com
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