Al otro lado de la vereda de la internación

Ayer tuve cita con la siquiatra. Me figuraba contándole cómo había estado el último mes. Fui honesta. Le hablé de mis dolores, de mis ideaciones y gestos suicidas, de mi columna y sus quejas, de mis huesos y sus desvaríos. Sí, no sólo mi cabeza tuvo su turno de manifestarse, también mi cuerpo hizo lo suyo.

Hablamos de la posibilidad de ingresar una vez más al siquiátrico. No quise, me negué a la posibilidad de re integrarme a un régimen de conversación conmigo después del tratamiento electroconvulsivo, y de mirar a las otras internas, y sobre todo, a estar lejos de mi hija. Pero algo teníamos que hacer.

A la Lamotrigina, aripiprazol, paroxetina, alprazolam y zolpidem se agregó nuevamente el litio. Qué más da. Un nuevo integrante en mi pastillero no tiene nada de novedoso.

Mi estado, es cierto, no es el mejor. La siquiatra me reiteró que mi cuadro es grave y que tarde o temprano me iba a matar. Que no logro reinsertarme en la sociedad. Que no logro hacer de mis días un lugar donde habite mi presencia.

Con sólo escuchar aquello vino a mi mente las manitas de mi hija y sus miedos.

Tengo que reconocerlo: mi descompensación se debe a los desvelos que se presentan cada vez que voy a ver a mi pareja y al alcohol que circula por mi hígado. Ya sé, aquí vienen las recriminaciones. Sé que no debo beber ni pasarme la noche entera despierta. Ya sé que después de la hipomanía vuelve el vacío de contenido en mi vida y la falta de sentido a mis días. Ya sé que esas acciones no son más que el intento por terminar con mi soplo de vida que aún me queda.

Miro mi bitácora y sólo me resta por decir que me comprometo a retomar mi pacto para vivir. Que no beberé más y sobre todo, que cuidaré las noches para dormir. Mi hija y quienes aún me aman lo merecen… y yo también.

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Acerca de Claudia

El año 2006 me diagnosticaron trastorno bipolar y conocí los tratamientos electroconvulsivos. Siguiendo el típico manual, fui diagnosticada tipo I de ciclaje mixto y rápido. Escribo aquí desde agosto del 2012, simplemente para recordarme el sentido que tiene seguir aquí. Mi hija configura gran parte de mi voluntad. eldiariodeunabipolar@gmail.com
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