Mi hija

Me alejé del padre de mi hija cuando mi niña llevaba 4 meses dentro de mi. Al regresar, el aeropuerto me parecía vacío, frío y sin vida. Llegar a Chile fue un alivio y el comienzo de una vida llena de cosas que ya muchos de los que me leen intuirán.

El departamento, aún conservaba las fotos y botellas de licor que alguna vez compartimos al son de una caribeña o anárquica melodía. Ahí estaban el mate, los cojines y alfombras que regalé mucho tiempo después por puras ganas de deshacerme de a poco de los recuerdos. Todos esos meses sin ordenar…

Limpié cada rincón y me apresté a recomenzar.

Sí, mi embarazo fue en una acompañada soledad. Sólo mi hija, yo y de vez en cuando mi familia.

Trabajé en el día a día, paso a paso. La pena iba y venía (aún no sabía del TAB). El fuego y el agua eran mis permanentes compañías. Ya sabía que aquello tendría un efecto sobre mi pequeña y sobre todo en mi. Cierto, de ahí en adelante no confié en un solo hombre y me prometí que ninguno sería más importante que mi pequeña, por grande que ella fuera, por más grande el amor por un hombre fuera. No siempre lo cumplí…

Al nacer, seguimos caminando juntas en casa de mis padres; ahí nos dieron el espacio que nos permitió visualizar las cosas de otra manera. También fue el espacio donde aprendieron a conocerme y a re conocerme.

Ya han pasado 15 años. Sigo en casa de mis padres ocupando un espacio de vida y compañía, a nuestra mutua manera. Cada familia tiene sus altibajos y la mía sin duda no es la excepción.

Puedo decir que a pasar de todo, estoy aquí viva…  hasta el día de ayer.

Anoche descubrí que mi hija lleva casi dos años de bulimia. Y yo, ¿dónde estaba? ¿qué hacía? ¿en qué o quién pensaba?

Anoche el dolor me partió en dos. Estoy a punto de perder a mi hija… otra vez.

Esta vez no puedo permitir que mis oscilaciones me saquen del foco más importante de mi vida, de mi historia. Tengo que estar más que nunca de pie y tomar a mi niña de la mano hacia la sanidad.

Ya hemos consultado como una amiga psicóloga. Pronto comenzará su tratamiento y éste involucrará mi presencia, no sólo en algunas sesiones, sino también en todo momento.

Agradecida estoy de estar retomando los días como debe ser, de otra manera no estaría con la cabeza puesta en la mejora de mi niña.

Ahora a lo importante, a esperarla a diario con mi abrazo y mis arrullos.

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Acerca de Claudia

El año 2006 me diagnosticaron trastorno bipolar y conocí los tratamientos electroconvulsivos. Siguiendo el típico manual, fui diagnosticada tipo I de ciclaje mixto y rápido. Escribo aquí desde agosto del 2012, simplemente para recordarme el sentido que tiene seguir aquí. Mi hija configura gran parte de mi voluntad. eldiariodeunabipolar@gmail.com
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