Maní y agua para la sensatez

Debo reconocerlo, soy más que afortunada. Sí, por estos días he sido testigo de la capacidad de resiliencia que de vez en cuando emerge de mi propia cabeza. Y cómo no reconocerlo, sigo aquí en cuerpo y alma (más alma que cuerpo, pero en fin).

El año pasado fui presa de una de las crisis de aquellas que me lanzan por la ventana directamente a la calle. La furia de la depresión y la incertidumbre de la hipomanía me acompañaron día y noche, hasta llegar a romperme la cabeza de tanto pensar en cómo salir de eso sin tener que experimentar un nuevo ajuste de medicamentos.

Y aquí estoy, tal vez con la misma cabeza, pero casi con el mismo tratamiento.

El zolpidem me había acompañado por años; tomando precauciones en la periodicidad de su administración, me permitía cerrar los ojos temprano para amanecer a las 5:30 laborando con el mayor de los gustos. Bueno, ahora no hay zolpidem…

El 6 de diciembre comencé con una fuerte hemorragia, de esas que no paran ni pueden ser contenidas con nada. Fui a parar a un servicio de salud de urgencia, con camilla y todo, como recordándome aquellos días en que iba a parar por otras causas. El día 8 estuve en observación sin explicación alguna de lo que me pasaba. Pasó un mes y aún nadie me daba una explicación. La ginecóloga le echó la culpa al zolpidem aunque sin la certeza de aquello, y hasta ahí llegó el sueño inducido No puedo quejarme, con algo de respiración monitoreada y mi mente en blanco tamaña tarea), he podido conciliar el sueño.

Hoy recuerdo que tengo uno de mis pechos con algo que debe ser monitoreado; tal vez por ahí haya alguna explicación. Ni idea. Veré eso en abril, fecha que me dieron para realizarme una nueva prueba radiológica.

Como sea, estas cosas que deambulan por mi cabeza dejándome en ocasiones con la mirada hacia el sudeste no han podido curvar mi espalda hasta el punto de no haber vuelta atrás. Es más, creo que con todo, mi espalda sigue erguida.

Y toda esta reflexión partió con unos cuantos maníes (que suenan como manía) y un vaso repleto de agua, como debe de ser siempre.

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Acerca de Claudia

El año 2006 me diagnosticaron trastorno bipolar y conocí los tratamientos electroconvulsivos. Siguiendo el típico manual, fui diagnosticada tipo I de ciclaje mixto y rápido. Escribo aquí desde agosto del 2012, simplemente para recordarme el sentido que tiene seguir aquí. Mi hija configura gran parte de mi voluntad. eldiariodeunabipolar@gmail.com
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