Que las trabas se las lleve el viento, será mejor

Tengo las manos con sabañones, la piel seca, los ojos húmedos y la garganta como siempre, entre apretada y suelta. Hace frío, mucho frío para mis huesos y el agua caliente por mi espalda no alcanza a saciar la sed de calor que hay en mi.

Me habita la cordura en este momento; me gusta hablar de ella cuando siento que he salido de un vendaval de lluvia de nubes y mejillas. ¿Cómo no aclarar las dudas que emergen de vez en cuando en el tenor de hablar de mi vida y sus alrededores? ¿Cómo no abrazarme, como siempre, en un ritual que para mi se ha traducido en la rutina más sagrada?

Cuento varios días en que anduve sin medicación por puro descuido, por pura desidia del sistema de salud que no alcanzó a avisar que ya no tenían el Tradox. Sí, aún ando en los canales de la farmacología, ya no por el temor a volver una vez más a un siquiátrico, ni por la clara dependencia que emana de la presencia de esos pedacitos de mi, sino por la esperanza de que algún día me sorprenda sin ellos, simplemente porque ya nada puede ser mejor que la locura circular.

Hay que estar en nuestras venas para saber qué se siente estar en el medio del vacío, con las manos apretadas, los dientes hechos añicos o sin ellos, con el pelo cortado a machetazos o con los pies descalzos deambulando por la carretera.

Cierto, soy prisionera de la medicina alópata y no vivo genuinamente todos esos episodios por lo que he pasado en más de una oportunidad. Pero duele, sí, duele saber que cuando estuve sin esos trocitos químicos la cabeza estallaba una y mil veces durante el día.

Hoy, en plena melancolía, me puse a pensar en el por qué de eso; en la inefable levedad de ser sin sentir lo que viene así no más, a puro golpe de rodilla, sin aviso o con él.

Sé del negocio que hay detrás. También de lo falsa que puede ser una categoría siquiátrica que se inventa y re inventa cada cierto tiempo, pero también sé de la soledad y el vacío, de la sobrecarga de las emociones y de la tortura de estar con y sin ellas, aunque esté en plena compañía. A la hora de la evaluación final, he vivido más de lo que había esperado.

En este día, el último del mes, quiero volver a estrechar mis manos y lanzar un abrazo a quien quiera escucharlo.

Bendiciones a quien me lee.

 

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Acerca de Claudia

El año 2006 me diagnosticaron trastorno bipolar y conocí los tratamientos electroconvulsivos. Siguiendo el típico manual, fui diagnosticada tipo I de ciclaje mixto y rápido. Escribo aquí desde agosto del 2012, simplemente para recordarme el sentido que tiene seguir aquí. Mi hija configura gran parte de mi voluntad. eldiariodeunabipolar@gmail.com
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