Cuando las ideas contaminan la vida mía

Domingo 11 de diciembre, como suele ocurrir en medio de días de convulsionadas multitudes y vitrinas atestadas de ventas, mis manos comenzaron a temblar, mi espalda, qué digo, cuerpo entero, comenzaron a sudar frío, incansablemente e imponderablemente.

No había nadie alrededor, buena fortuna, lo que me dio el espacio para detenerme un poco mientras se avecinaba el vendaval que de un tirón cogió mis ideas y las transformó en dagas que punzaban el pecho. Ahí estaba, una vez más, el vacío de sentido y de contenido, envolviendo mi tamaña humanidad, mi sonrisa y mis ganas de estar aquí, hoy y siempre.

Así que, tomándome por el pecho, me arrodillé y comencé a pedir a las voces que escuchaba que se fueran a otra parte, que terminaran con la parafernalia que insistía en conducirme hacia la puerta lateral. Me abracé, me miré al espejo, bebí agua, caminé en círculos y salí a la calle en una eterna caminata. Huyendo de los autos y distanciándome del metro y los edificios. Caminé y caminé y al regresar comencé a escribir lo que recién publico hoy.

Al día siguiente, recurrí a la doc. Claramente pasar la noche en vela, de manera sistemática, me torna cada vez más vulnerable.

Sin embargo, he aprendido a manejar esas instancias de tormento agudo. Sé como respirar cuando mis pulmones están llenos de oxígeno. Aprendí a sostenerme a un madero mientras el mar tiembla sobre mi cabeza y mientras me estrello contra las rocas. Puedo salir de cada una de las ideaciones suicidas que de vez en cuando abundan dentro de mi cabeza.

Hoy, en este día de calor que cala los huesos, puedo decir que amo más que nunca respirar hondo y llenar mi pecho de vida, de vida de la buena.

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Acerca de Claudia

El año 2006 me diagnosticaron trastorno bipolar y conocí los tratamientos electroconvulsivos. Siguiendo el típico manual, fui diagnosticada tipo I de ciclaje mixto y rápido. Escribo aquí desde agosto del 2012, simplemente para recordarme el sentido que tiene seguir aquí. Mi hija configura gran parte de mi voluntad. eldiariodeunabipolar@gmail.com
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