De mi

Dejo al viento las manos atadas a mi espalda, dejo mis estertores al verde mar de abril, dejo mis cavilaciones a la montaña más alta, dejo la desesperanza a la tierra seca y dejo el sombrío cúmulo de ideaciones a la primavera.

No voy a morirme sin antes dibujar el río con mi sangre lunar, sin haber caminado de la mano con las caracolas en la profundidad del mar, sin haber desdibujado las cicatrices que me han dejado las heridas del autoboicot. No, no voy a morir sin haber visto a mi hija cantando y danzando sus claros días.

Por eso y porque al verano le falta mucho para convencerme de lo contrario, no me dejo a mi misma, ni a los días ni a las noches.

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Acerca de Claudia

El año 2006 me diagnosticaron trastorno bipolar y conocí los tratamientos electroconvulsivos. Siguiendo el típico manual, fui diagnosticada tipo I de ciclaje mixto y rápido. Escribo aquí desde agosto del 2012, simplemente para recordarme el sentido que tiene seguir aquí. Mi hija configura gran parte de mi voluntad. eldiariodeunabipolar@gmail.com
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